Cuencos tibetanos

Asociados a la meditación debido a su capacidad para inducir un estado mental de bienestar y relajación, su origen es ancestral y provienen de Asía (China, Tailandia, Japón) pero principalmente de la cordillera del Himalaya.

Cuencos tibetanos
Cuencos tibetanos

Originalmente eran fabricados fraguando una mezcla de siete metales, que según las antiguas tradiciones estaban en relación con siete planetas: oro-Sol, plata-Luna, hierro-Marte, cobre-Venus, plomo-Saturno. Estaño-Júpiter y mercurio-Mercurio. Dependiendo de la cantidad mezclada de cada uno de estos metales se consigue un sonido diferente, por ese motivo cada cuenco (siempre que se haya fabricado de una manera más o menos artesanal) es diferente. La baqueta utilizada o la forma de tocarlos también afectarán al resultado sonoro.

El principio en que se basan los cuencos, por otro lado también llamados “cantores”, es el de la Resonancia y que puede traducirse con la expresión “los iguales se atraen”, así que partiendo de la premisa (ya plenamente ratificada por la comunidad científica) de que todo el universo es energía en continua vibración, desde el micro de la célula hasta el macro del espacio exterior, se llega al resultado de que una vibración de alta intensidad y armonía diáfana contagia a otra de menor intensidad. La primera sería la vibración del cuenco sobre el cuerpo y la segunda la del órgano enfermo.

Los cuencos de una forma totalmente natural producen toda una gama de tonos armónicos compuestos por un sonido fundamental (la nota en que está afinado) y una serie de sonidos más agudos en perfecta relación armónica con aquel.