EL ARBOL DEL YOGA III

Segundo Yama: Satya o la verdad. Nuevamente un precepto que pertenece a todas las culturas y a todas las religiones: la honestidad, la verdad sobre todas las cosas, pero una vez más algo difícil de llevar a cabo.

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Satya o la verdad: 

Nuevamente un precepto que pertenece a todas las culturas y a todas las religiones: la honestidad, la verdad sobre todas las cosas, pero una vez más algo difícil de llevar a cabo. Mentimos constantemente, en todas las situaciones, es una forma de tranquilizar a nuestro ego. Somos deshonestos con los demás, en el trabajo cuando intentamos ocultar nuestros fallos para no sentirnos débiles o menospreciados, con nuestras parejas, amigos y familiares cuando ante una simple pregunta como ¿Te ocurre algo? Contestamos siempre sin excepción: nada, estoy bien. Es esa cultura occidental que nos imposibilita a reconocernos débiles, frágiles, vulnerables. Siempre hemos de ofrecer nuestra mejor cara, felices, plenos, realizados. Todo mentira, porque está en la naturaleza humana que no sea así. Y para ello trabaja el yoga, ayudando a reconocer esas fallas, simas oscuras de nuestra imperfección.

Pero aún es más grave que nos mintamos a nosotros mismos de manera regular. Ni siquiera en el cerrado y exclusivo ámbito de  nuestro pensamiento más íntimo somos capaces de reconocer nuestras insuficiencias o nuestras frustraciones. Y eso se debe a los mismos motivos, nuestro ego no nos permite un ápice de imperfección. Le mentimos para mantenerle satisfecho.

Si aplicamos Satya a la práctica de yoga tendremos que aprender a ser honestos con nuestros límites, cuando el profesor nos esté advirtiendo de que no vayamos más lejos o de que no dejemos que nuestra respiración se descontrole, entonces tendríamos que ser plenamente conscientes y no mentirnos a nosotros mismos en esa perpetua competitividad “yo puedo un poco más” que nos hará mentir. Si por el contrario, no sólo no avanzamos más sino que nos quedamos un poco por debajo de nuestras posibilidades físicas, entonces estaremos siendo honestos con nuestra práctica y poco a poco seremos capaces de reducir el nivel de mentiras internas y externas. No tendremos nada con qué competir, ni en la práctica ni en la vida. Para mí Satya es igual a serenidad.

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